Presupuesto con mayor déficit desde la Segunda Guerra Mundial
febrero 2, 2010
Desde la pandemia de números rojos que sufren las arcas públicas de la mayor economía del mundo, junto a una dolorosa tasa de paro que no retrocede y el creciente peligro de parálisis política en Washington, el presidente Obama ha remitido al Congreso de Estados Unidos unos presupuestos federales con unos gastos de 3,8 billones de dólares para el 2011. Cantidad que supone un déficit sin precedentes para este año desde la Segunda Guerra Mundial de 1,6 billones de dólares, más allá incluso de la plusmarca alcanzada el año pasado de 1,4 billones de dólares.
La solicitud de la Casa Blanca contiene entre sus ejes centrales una prometida congelación durante tres años de las partidas no obligadas en los presupuestos federales, que representan sólo un 17% del total; un paquete de estímulo dirigido a la creación de empleo en forma de menos impuestos e inversiones en infraestructura valorado en 100.000 millones de dólares; y una mayor presión fiscal concentrada en las rentas más altas.
Todas y cada una de estas cuestiones tienen el potencial de poner a prueba la capacidad de la Casa Blanca y el Congreso para llegar a un mínimo acuerdo de disciplina fiscal ante un endeudamiento público que a lo largo de este año va camino de superar los 14 billones de dólares. Con el riesgo ya advertido de llegar a un punto crítico en el que se disparen las tasas de interés, la cotización del dólar se vaya a pique y la economía americana vuelva a entrar en crisis.
En sus cuentas, la Administración Obama anticipa que el déficit mejorará conforme se supere la crisis actual, con una previsión de crecimiento del 3% para este año. Pero también reconoce que la situación fiscal empeorará hacia finales de esta década en virtud de los disparados costes en pensiones y cobertura médica asociados con la jubilación en masa del «baby-boom» registrado tras la Segunda Guerra Mundial.
Obama, rodeado por su económico en la Casa Blanca, defendió sus presupuestos admitiendo que «no vamos a ser capaces de reducir el déficit de la noche a la mañana», ya que su gobierno no está dispuesto a renunciar a gastos e inversiones fundamentales. Según el presidente, su obligación es colocar cimientos para la futura prosperidad de Estados Unidos «después de lo que sólo puede ser descrito como una década de despilfarro».Obama: «Simplemente no podemos continuar gastando como si los déficits no tuvieran consecuencias, como si el malgasto no importase, como si el dinero de los impuestos fuera dinero del Monopoly»Pese a la criticada plusmarca de números rojos incluida en sus primeros presupuestos, ya que los anteriores fueron presentados semanas después del cambio de gobierno en Washington, Obama reiteró que «simplemente no podemos continuar gastando como si los déficits no tuvieran consecuencias, como si el malgasto no importase, como si el dinero de los impuestos fuera dinero del Monopoly».
Ante el creciente riesgo de parálisis política en Washington con una oposición crecida por recientes victorias electorales, Obama también advirtió que no piensa tolerar «las viejas gesticulaciones para la galería cuando las cámaras están encendidas y las mismas irresponsables políticas presupuestarias cuando las cámaras están apagadas». Ya que a su juicio, «es hora de ahorrar lo que podamos, gastar lo que debamos y vivir dentro de nuestros medios otra vez».
Críticas de los republicanos
Sin perder tiempo, el presidente del Comité Nacional Republicano denunció el engañoso proyecto presupuestario de la Casa Blanca. A juicio de Michael Steele, se trata de una receta para el «estancamiento económico», que contiene toda clase de trucos para esconder «una borrachera de gasto». Pero según Obama, su política fiscal plantea «duras opciones y dolorosos compromisos que no se han visto en Washington durante años».
Entre los más beneficiados de las prioridades de gasto público esbozadas por la Administración Obama destaca la educación y la investigación científica, sobre todo en relación con energías renovables; pequeñas y medianas empresas; la clase media; las finanzas estatales y locales; además del dinero destinado el Pentágono, gastos bélicos y seguridad nacional.
Por lo que se refiere a perdedores, los presupuestos anticipan una mayor presión fiscal para las mayores rentas, dejando expirar los recortes de impuestos logrados por la Administración Bush en el 2001 y el 2003. La Casa Blanca también espera recaudar de la industria financiera 90.000 millones de dólares durante la próxima década para compensar por las pérdidas anticipadas en el paquete de rescate de Wall Street. Además de poner coto a las ambiciones de la NASA para jubilar sus envejecida flota de trasbordadores espaciales y volver con una misión tripulada hasta la Luna.
Abc.es
Comentarios
Comente esta noticia







































