El abusadorcito
febrero 22, 2009
El nombre de la columna me lo inspira un personaje de la TV. Como la mayoría de los personajes creados por los medios, se ha inspirado en alguien o en muchos de los humanos que circulan a diario por la vida.
Se producen esas actuaciones y, finalmente se concreta, como un personaje en un programa de la TV. Para quienes creen que los medios son todopoderosos, el proceso de concreción que da vida a un personaje, sería a la inversa. Primero, se le ocurriría al libretista y luego, crea el personaje, que una vez que tiene éxito entre el público, se impone y alcanza popularidad. Que no necesariamente, aceptación.
La verdad es que esos personajes que son caricaturizados en los medios surgen casi siempre en la vida cotidiana y está en la inteligencia del creador, captar las características del sujeto, ponerlas en el libreto y darles vida en un personaje.
Así ocurre con este personaje del abusadorcito. Manda, ordena, obliga, maltrata, a menudo se sale con la suya, aún cuando cada vez su desprestigio es mayor. ¿Es o no común en nuestra cotidianidad personajes como éste? ¿Cuántas veces a diario tropezamos con abusadorcitos, que desde imponernos, mediante su supuesto poder, criterios, locuras, intransigencia, pretenden doblegar lo que queremos hacer? Lo terrible del abusadorcito es que actúa como sí tiene derecho a todo. Cree, está seguro, de que su palabra es ley y se siente con derecho a todo.
El problema tiene que ver con la falta de límites. No se da cuenta de que su voluntad tiene que tener el límite de la voluntad de los demás.
Casi siempre tiene problemas con saber en que momento tiene frente a si un límite que le impide hacer lo que quiere, por cuanto, como un “medalaganario más”(de me da la gana) pretende todo el tiempo abusar de su poder, que puede ser real o falso, para obligar a los demás a someterse a su albedrío.
En nuestro país surgió el personaje, de gran aceptación entre los televidentes y de allí pasó a ser un verdadero y formal estereotipo. El abusadorcito sólo se tranquiliza cuando se le pone un límite en serio y se le hace saber que no puede con uno. Allí pierde su aparente poder y se opaca.
Sin embargo, siempre está al acecho para ver en qué momento puede reiniciar sus abusos. No se puede una descuidar con el o los abusadorcitos-as. La pared que hay que ponerles enfrente tiene que ser sólida y democrática.
Gloria Cuenca
Periodista / Prof. UCV
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